Me
desperté a las 3:30 am e dormir otros 30 minutos más. Ya a las 4:15
estaba pelando platanos, poniéndole pimienta, sal y cayena pepper a unas
lonjas de pollo con la intención de freírlas (por lo general desayuno
fuerte, compro o cocino los tres golpes mañaneros, o sea; mangu, huevos,
cebollitas, queso o jamón fritos, sometime, cuando hay suerte,
aguacates y frutas de color amarillo).
La
noche anterior volví a las discusiones más ridiculas del mundo. Tire a
la basura la esponja del fregadero (leí un artículo sobre las bacterias
que allí se acumulan luego de una semana de uso) y por supuesto, la
samurai se puso furiosa conmigo y volvió a acusarme de sabotear sus
planes de consumo, pues la bendita esponja es o era de una calidad
especial solo disponible en el mercado japonés y que ella trae
sistemáticamente pensada para uso trimestral en la cocina.
A
ella le expliqué lo del artículo y sus conclusiones. Igual me recordó
tres mil vainas más que ella asegura que le hago casi a maldad en la
vida diaria nuestra.
"Entras
a la casa con los zapatos puestos" "Te lavas las manos con el jabón de
fregar" "Pones las sábanas sobre el mueble ese que compraste de segunda
mano... quién carajos sabe si los antiguos dueños ponían los pies allí"
"Te vives comprando todas las basuras que ves en las ventas de garaje"
"Tienes las paredes llenas de esas cosas que tú llamas arte y ya no hay
una sola pulgada para que las mismas puedan respirar" "No te gusta la
bachata y tú sabes que yo amo esa música. Que adoro a Romeo Santos" "Tú
eres para todo mundo y conmigo no me contestas los mensajes" (pausa para
explicar mis razones: jodidos mensajes para reclamar que dejé la
ventanilla abierta y se entraron dos moscas o los mosquitos le picaron y
a mí, por un carajos, ni me miran. Fotos de mis chancletas dejadas una
bajo la cama y la otra en el baño, etcétera, etcétera, etcétera...)
Yo
ya toy jarto! Le grito. El que se jode aquí soy yo. El que paga las
cuentas soy yo. El que viene a limpiar, hacer el laundry, ir al
supermercado y demás jodiendas, soy yo...
Y
ella desafiante, siempre saca una de sus vainas de la chistera, una de
esas que me reservo para no joder a otros, pero de esas que incomodan
por absurdas, traídas por los moños, atemporales, desvinculada del
asunto en cuestión.
Quiero
el divorcio le grito! A ella le entra la frase por un lado y le sale
por el otro. Ni se inmuta o devuelve acusándome de ser abusivo, de
haberla traído desde un país organizado, con otra calidad de vida a uno
en donde por más que me jodo el lomo no se sale del día a día, no se
despega, siempre existe el compromiso de las deudas, el machacar
piedras, la asustada atmósfera de la pobreza, la manutención ajena, la
política...
Yo
tengo derechos! Dice en los momentos mas acalorados, malditos,
enfermos. Me dices que me regresé a Japón. Me lo vives repitiendo.
Quédate con todo, le digo. Solo déjame solo. En paz. Tranquillo.
Eso es abuso! Reitera. Te demandaré. Caerás preso! Ni seguro médico me puedes dar!
Y
yo la miro y me dan ganas de irme al carajo. De dejarla que se joda,
que por un carajos encuentre a otro a quien joder... (siendo ese el
problema, que si se encuentra a otro a quien joder, que sea lejos, en
kimbamba, diez mil leguas al oriente, pues no quiero verla con nadie, ni
que nadie la abrace, bese, camine por la calles con ella, o le cargue
las bolsas camino a la casa).
Qué
vaina me ha caído encima! Pensaba esta mañana mientras le servía mangu y
demás pendejadas en un plato y se lo dejaba sobre la mesa para cuando
se despertase y si así lo quería, comiese algo.
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